Cuando era chica vomitaba muy seguido, cada vez que volvía de un cumpleaños y comía chicitos. Me ponía muy nerviosa. Una vez le recé a Dios que por favor no me hiciera vomitar más. Y no me van a creer pero lo cumplió. (Por supuesto, sabiendo la eficacia de mis oraciones, después le pedí otras cosas, que no corrieron la misma suerte). Hace casi quince años que no vomito. No obstante, me he sentido muchas veces mal. Pero todo queda en las nauseas. Luego se me cierra la garganta, se me llenan los ojos de lágrimas, y en la desesperación vuelvo a rezar a Dios que deshaga el hechizo y me deje largar todo lo que me está perforando el estomago, pero no hay caso. No sé vomitar. No puedo. No me sale.
El miércoles fui al cumpleaños de mi amiga Natalia.
Volví con ganas de vomitar, me puse nerviosa, se me llenaron los ojos de lágrimas, le recé a Dios, pero por supuesto no pude.
No dormí en toda la noche.
El jueves me levanté cansada.
El cansancio devino en angustia.
A la tarde, mientras intentaba conciliar una siesta, me descargué con Gustavo.
-¿Te sentís mal otra vez?
-No tanto.
-¿Y que te pasa?
-Estoy angustiada.
-¿Por qué?
-Dejá, no me vas a entender.
Uno conoce las limitaciones de su hombre, que en este caso son las limitaciones de todos los hombres. Ninguno –por lo menos de los que yo conozco (personalmente y por referencia) – tiene la capacidad de entender que una llora porque tiene ganas de llorar.
Que primero viene el llanto, y después los motivos.
Y que los motivos no son nada más que una manera de intentar racionalizar lo que es pura emoción.
Ningún hombre puede entender lo que cualquier mujer, que al menos haya menstruado una vez, conoce a la perfección.
Así que ante su insistencia, me dispuse a la inútil tarea de enumerar las mil y una razones por la que estaba angustiada. Todos motivos existentes, tangibles, ciertos y hasta con posible solución. Digo inútil porque la desaparición de ellos no hubieran calmado mi angustia.
Le expliqué que lloraba porque tenía sueño, y trabajo pendiente, y porque estaba priorizando el sueño; y porque el pintor que se estaba encargado de poner a punto el departamento que alquilaba antes tardaba demasiado y así no podía entregarlo; y que la casa nueva era muy linda pero no aguantaba un día mas sin gas, que es horrible no poder bañarme las veces que quiero; que me siento sucia todo el tiempo, e indeseable.
Hizo silencio.
-¿Estoy indeseable?
-No, mi amor.
-Mentiroso.
Y que para colmo -continué explicándole-había leído una historia muy triste en el blog de cita a ciegas, sobre una mujer a la que se le moría el novio, y se enteraba que tenía una amante embarazada de cinco meses. Y antes de que el listado de motivos llegara a la mitad, él ya me había interrumpido para minimizar (¡y hasta negar!) todos mis problemas, lo que me hizo sentir desquiciada, exagerada, con poca conciencia de la realidad . Y me angustió más. Lo único que le concedí es que, ciertamente, me estaba bañando la misma cantidad de veces que cuando tenía agua caliente a mi disposición: una vez al día. A los otros problemas intentó darles una solución concreta, lo que me puso de peor humor. Si lloro porque tengo sueño, la solución nunca puede ser que duerma, porque si fuera tan fácil no lloraría, dormiría. Y tampoco puedo dejar de leer cosas tristes por Internet, porque cuando empiezo a leerlas no sé que van a ser tristes. Luego probó con el humor, pero no hay nada peor que te hagan reír cuando lo único que querés es llorar diez horas seguidas. Trató de encontrar una explicación científica al asunto: evidentemente –según él- la hormona HCG, propia y exclusiva del embarazo, producía estos daños colaterales, pero yo insistí que mis problemas existían, más alla de Cositita . Finalmente, agotado de intentar cambia mi ánimo, y resignado de que nada se podía hacer, se limitó a abrazarme y dejó que llorara en su hombro.
Así estuve un buen rato. Unos instantes antes de dormirme, con los ojos secos, balbuceé
- Gracias por contenerme.
- Ah… ¿Esto es contener?, qué fácil.
Y me reí con ganas.
Al despertarme la angustia había pasado.
La nauseas, lamentablemente, aún hoy domingo, continúan.