De pronto… tengo miedo. O no tan depronto. Pero este es un miedo nuevo y reciente y vivo, que me está haciendo llorar. En quince días más, nacerá mi hijo varón. ¡Mi hijo varón! Me cuesta entenderlo. El viernes pasado, mi tía Vicky, médica ella y madre de cinco hijos, me explicaba que cuando el útero se vacía le mandaba una alerta a la hormona que segrega la leche para que empiece a producirla. Gustavo y yo nos mirábamos perplejos, y uno de los dos comentó en voz alta la consabida frase “la naturaleza es sabia”. Hoy siento que con esa hormona segregando mi leche no hago nada… que si la naturaleza fuera tan sabia debería también mandarle una alerta a la parte del cerebro que activa el gen de “buen cuidado”. Tengo miedo de que mi bebé se me caiga de las manos, de que se me resbale, de olvidarme de esterilizarle el chupete, de no mirar la fecha de vencimiento del Danonino… en fin, de que un descuido mío le haga mal. Será porque siempre me dijeron que era descuidada. Será porque soy descuidada. Será porque mis amigas me dicen que van a regalarle un “lo-jack” para rastraerlo por satélite cuando lo deje olvidado… por ahí.
¿Podré cambiar ahora? ¿Podré cambiar para él?
Recuerdo un diálogo maravilloso de la maravillosa película Misión Imposible. Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: “Tu haces que yo quiera ser mejor persona”
Yo no podría expresarlo mejor.
Mi hijo hace que yo quiera ser mejor persona. Y en este momento, a punto de tener una criatura que dependerá íntegramente de mí en mis brazos, ser mejor persona sólo puede significar una cosa: convertirme en una mujer cuidadosa. De pronto.
Escrito por jessivalls
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