ECO 4 D: LA PREGUNTA DEL MILLÓN

Diciembre 6, 2008

“¿Te emocionaste?

Desde que anuncié que me la haría todos quieren saber qué se siente conocerle la cara a tu hijo y cuantas lágrimas se derraman al verlo.

A riesgo de causar decepción diré que, para mí, fue emocionante, pero no más que cualquier otra ecografía. Es decir, me emociona saber que mi bebé está creciendo perfectamente;  que tiene un peso saludable, que ya está  en posición, que el cordón umbilical no corre riesgos de enredarse y  que todos los órganos se han desarrollado en tiempo y forma.

¿Conocerle la cara? ¿La nariz parada? ¿Descubrirle un parecido con mi sobrino? ¿Saber que salió con mi boca? Me dio exactamente lo mismo.

Luego de ahondar en mi sentimiento, tratando de encontrarle alguna explicación a mi “no fascinación” por las imágenes en “4D” (¿Cuál será la cuarta dimensión?) , pretendiendo entender por qué a los demás, incluso al padre de la criatura, le resultaba tan emocionante algo que a mí, si bien me gusta ver –no voy a negarlo- no me desespera, pude encontrar una similitud a otra experiencia: minutos después de que naciera Marco, mi papás y yo nos acercamos a la noursery y, ñata contra el vidrio, elogiábamos y le tirábamos besitos a un bebé que alguien había señalado como “nuestro”.  Luego, entró una enfermera y nos dijo que Marco era el bebé de al lado del que estábamos  saludando. O sea que durante 10 minutos estuve, no solo contemplando con fascinación sino “amando” a un desconocido. Reparar mi error llevó instantes, y dos segundos después, y hasta el día de hoy,  adoro al sobrino correcto…

Que fuera uno u otro, daba exactamente lo mismo.

Lo mismo con la ecografía.

Tal vez por eso, al llegar, una de las primeras cosas que hice fue buscar en “you tube” ecografías eco 4D de otros bebés.

-¿Que tenés miedo, Cosis, que a todos nos pongan el mismo video?

- jajja

-¿Para qué querés ver otras?

-Para ver qué siento.

-¿Cómo que sentís?

-Es que miro la foto que nos imprimieron, y me cuesta reconocerlo como mi hijo.

-Dicen que es usual…

-¿Ah si?

-… que las madres que rechacen a sus hijos.

-¡Tonto!

-…

-…

-Dale ayudame a buscar una eco… ¿cómo pongo para que salga la de  un bebé japonés?

-¿Japonés?

-Quiero ver si ya se le notan los rasgos.

-Para mí que tienen cuatro o cinco videos armados, y te ponen el que mejor coincide con los rasgo de  los padres.

-¡Basta de cargarme!

-Es que me da bronca, cosis, no reconocés a tu hijo. Lástima que no tengo un blog, sería bueno que tus lectores supieran esto.

-No es que no lo reconozca. Es que me cuesta asociar esa imágen a Abel.

-¿Te lo imaginabas distinto?

-No me lo imaginaba.

-¿Entonces?

-A ver… Es como cuando chateas mucho tiempo con alguien a quien no conocés…

-Desconzco, nunca lo hice.

-Dale

-En serio.

-Bueno, yo sí. Siempre conozco a mis compañeros de trabajo antes por chat que personalmente…

-Claro, claro…

-Si chateas durante mucho tiempo con alguien, ponele un año entero,  cuando  finalmente  la conocés, al principio te cuesta asociar esa cara a la de la persona con la que chateabas.

-¿Te pasó muchas veces?

-Ya te dije, por mi trabajo… También con mis amigas del foro de telenovelas… Alguna que otra vez.

-Aha.

-Creo que eso fue lo me pasó con la eco. Me cuesta asociar  esa imagen con la del hijo, del que tanto hablamos, al que tanto pensamos, al que tanto amamos.

-Si pretendías arreglarla, la embarraste. ¡Comparar a tu hijo con un levante del chat!

-No entendiste nada.

-Definitivamente, tengo que abrirme un blog y escracharte.

-No te gastes,  me escracho sola.

-…

-Ah… ¡Y nunca me levanté a nadie por chat!