Tuve una operación en el útero hace dos años, y conozco de sobra la raza de los ecografistas. Les gusta mirar el monitor con cara seria y ralentizar lo más posible el veredicto. Así que le rogué.
- Estoy muy nerviosa. Por favor, apenas veas que está todo bien, decilo. No me hagas sufrir ni medio segundo.
Y apenas pasó el escáner por mi panza, lo dijo.
-Esta todo bien. Ése es tu embarazo.
Busqué la mirada de Gustavo, y me sonrió.
Yo me enamoré de la sonrisa de Gustavo. El primer día que salimos, en grupo, cuando nos saludamos él me sonrió, y yo –que ya lo tenía fichado y estaba muy nerviosa- sentí que iba a estar todo bien. A partir de ese día, cada vez que salimos, que nos encontramos, o que regresa a casa, lo primero que hace al verme es sonreírme. Nunca se olvida. Nunca falla. Y yo vuelvo a sentir que está todo bien. Así que haberme encontrado con su sonrisa en ese momento no fue una cosa menor.
La ecografista nos señaló el saco gestacional.
- Ésa debe ser cositita –adivino Gustavo.
- ¿Qué? –preguntó la profesional
- Si eso blanco es el bebé -aclaró.
- Qué ubicado que estás – festejó la ecografista.
- ¿Los latidos? –intervino la madre que quería saber más.
- Son esas rayas , ¿las ves?
- ¿No deberían escucharse?
Dijo que había otros ruidos que lo tapaban. Yo digo que el ecógrafo era de mala calidad. Gustavo que seguramente yo tenía gases. El informe dice: “actividad cardíaca positiva”. Y eso es lo que importa.
- ¿Y que tiene además de corazón? – pregunté.
- Nada. Mide 13 mm. La próxima va a ser mas divertida.
Todavía estamos impresionados.
La frase mas repetida de día fue… “¿Qué loco no? Hicimos un bebé.”
Me siento más embarazada que antes.
Creo que empezamos a caer. Porque en el viaje de vuelta, por primera vez, no hablamos de como será cositita, sino de como seremos nosotros como padres.
Escrito por jessivalls