Los nombres que descartamos: Julieta

Julio 7, 2008

Siempre quise tener cuatro hijas mujeres, y a la primera llamarla Julieta.

Era el nombre que quería ponerme mi mamá cuando estaba embarazada de mí. Mi papá,  confiado (“confiado”) que sería  un varón, no la contradijo. Estuve cinco días sin nombre. Mi papá fue a anotarme y  volvió con la novedad que me llamaba Jessica, nombre que le había sugerido la empleada del registro civil.

En casa se suele contar esta anécdota con gracia.

A mi me desesperaba por varias razones, porque no se hubiera tenido el cuenta la opinión de mi mama, porque estuve cinco días llamándome “niña valls”,  y porque mi nombre lo hubiera sugerido  una extraña. Años después me consolé pensando que es peor que tu nombre lo inspire Osvaldo Laport, como le pasó a la generación de los “Catriel”

Para colmo, la chica más linda del grado se llamaba Julieta Liasi. Y en mi inocencia creía que si me hubieran puesto Julieta tendría sus ojos azules, y los chicos gustarían de mí.

(Si algún día Julieta Liasi comete la pedantería de googlearse, se enterará de mi silenciosa admiración)

De más grande leí Romeo y Julieta.

No tenía dudas, mi hija se llamaría Julieta. Convencería al padre por las buenas, negociaría (yo elijo el nombre, vos la guardería) o de última haría como hizo mi papá, iría sola a anotarla al registro civil.

Estaba segurísima de eso, hasta que conocí a Julieta, la perra de Gustavo.

No solo su perra  se llama Julieta, sino que todas las perras que hubo en su casa de soltero, se llamaron Julieta.

El dice que si me gusta mucho, si para mí es importante se lo ponga igual (Gustavo tiene esas cosas…), pero que no me promete que cuando la llame no se le escape un silbido (también tiene de las otras cosas).

Conclusión. Estamos buscando nombre de mujer.