El Omnipresente

agosto 28, 2008

 

¿Cosis?

– ¿Qué?

-¿Cositito habrá sentido algo?

– ¿Te das cuenta, mi amor?

– ¿De qué?

– No podemos estar ni medio minuto sin nombrarlo.

– Y no. Parece que es en serio que te cambia la vida.


Vida publica

agosto 28, 2008

Jessica: Voy a ser una prácticas de counseling. La futura profesional me hace tres entrevista, me graba, y  después discute mi caso con sus profesores y la clase.

 

Gustavo: Ah… Va a hacer tu caso público. Éso, el blog. ¿no querés anotarte en Gran Hermano también?

         


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MASCULINO NORMAL!!!!!!!!!!!!!!

agosto 27, 2008

Asi dice el  estudio.

ESTAMOS FELICES Y EMOCIONADOS.


Lo que Dios quiera

agosto 27, 2008

 Llegó el día.

 

Hoy vamos a sentarnos una vez mas frente a la genetista y ella nos dirá si los cromosomas de mi bebe se combinaron de a pares o existe alguna anomalía.  (seguramente usara esas palabras, que nosotros ya sabemos traducir)

 

Cuando el lunes 11, salimos del obstetra, y nos dijo que  la TN estaba agrandada, con Gustavo acordamos no contarlo, para no tener que escuchar muchas opiniones. La determinación duró lo que tardaron los familiares y amigos en llamar para saber como había salido todo, y si ya se veía el sexo.  (cinco minutos).

 

A las pocas horas, la noticia estaba colgada en el blog.

 

Me resulta muy difícil no contar algo sobre mí. Lo que sea. Bueno o malo. Incluso pasajero. Cuando tengo una propuesta de trabajo que me entusiasma, cuando discuto con Gustavo,  cuando me cae mal algo que comí. No sé decir: “bien” en general, si  hay algo en particular para contar. No supe –entonces – decir que en la ecografía había salido todo bien, cuando la translucencia nucal había dado aumentada

 

(Aclaración a amigas: la incapacidad para guardar secretos cuenta solo para los propios. Los vuestros se guardarlos)

 

Y cuando uno comparte, abre el juego. Escuchamos opiniones que fueron desde: “podes abortar”, hasta “un nene down es lo mas tierno que hay”, pasando por todos los demás matices. Nosotros no estamos en ninguno de los dos extremos. Recibiremos a este bebé llenos de los dos únicos sentimientos que nos despertó hasta ahora: mucho amor y mucho miedo.

 

Sea como sea, hay mucho que aprender.

 

Me preguntan si estoy nerviosa. Y yo, la fatalista, la dramática, la llorona, debo decir que contra todos los pronósticos, estoy tranquila… segura de que sea lo que sea será lo mejor. Feliz de ser mamá de Cositita o Cositito y del hombre que elegí tener a mi lado para siempre.

 

Gracias a todos los que están pendientes, mandando tanto amor en forma de sms, mail  y comment.

 

Apenas regreso: el resultado.


Mi hijo, el Torito de Mataderos.

agosto 27, 2008

-Y si los resultados no salen bien, ¿qué va a pasar?

-Lo mismo que si salen bien. Lo voy a amar y lo voy llevar a ver a Chicago.

-Si vos no vas nunca a la cancha.

-Porque no tenía un hijo varón.


Adios a las Barbies

agosto 26, 2008

Mi infancia estuvo desprovista de dos cosas que hoy adoro: las Barbies y las telenovelas.

 

Las Barbies, no se si no existían, si no me las compraban, si yo no las pedía o si me empezaron a gustar de grande pero no recuerdo haber tenido ninguna.

 

En realidad, no jugaba demasiado con muñecas. Tengo un vago recuerdo de que mi mama (o alguien en mi casa que ejercía influencia sobre mi) las consideraba  “tontas”. Y yo, que al parecer era una chica influenciable, acoté sin chistar.

 

Sobre las telenovelas, existía una prohibición explícita. “Eran cosas de grandes”. Pero como, además de influenciable era un poquito rebelde, las miraba, a veces, a escondida.

 

El trauma de las telenovelas esta totalmente canalizado. No solo me doy  mis grandes “panzasos” frente al canal  Volver, sino que  me dedico a  escribirlas.

 

Lo de las Barbies pensaba canalizarlo en el cuarto de Ona, pero parece que tendré que esperar.

 

Luego de la punción, en la eco para chequear que el bebé estuviera bien y que no se hubiera formado ningún hematoma,  me animé, a pesar de los nervios, el miedo, y a riesgo de parecer una madre superficial, preocupada por minucias cuando la salud de mi bebé estaba en juego, a preguntar:

 

-El sexo no se ve, ¿no?

-Algo, pero no puedo confirmártelo.

-¿Pero que se ve? -insistí.

-Tomalo con pinzas pero tiene pinta de ser…

-Varón –intervino Gustavo

-No, nene. –lo corregí.

-Sí, tiene pinta de varoncito. – dijo la ecografista.

 

Gustavo siempre interviene “adivinando, deduciendo, viendo” correctamente en las ecografías. Hasta he llegado a preguntarle si tuvo otros hijos antes que Cositita porque es asombrosa su capacidad para ver y entender qué es cada parte. Y cualquiera que haya visto una ecografía de menos de 13 semanas de gestación, sabe lo difícil que es. Para mí es casi como jugar a encontrar formas en las manchas de humedad de la pared: azar. O como mucho, imaginación.

 

 

Hubiera jurado que era una nena.

 

Siempre, aun antes de quedar embarazada, aun antes de conocer a Gustavo, me imagine madre de niñas. Una, dos, hasta cuatro. Pero nunca de un varón.

 

A todo lo que quería jugar con mi hija, todos los consejos que deseaba transmitirle, todas las actividades que tenia para compartir son para nenas. No solo el cuarto lleno de Barbies, los peinados, la literatura, las películas, las princesas de Disney, los consejos sobre el amor, sobre higiene, sobre educación sexual, sobre relaciones y amistad. Cualquier actividad que se me ocurra, cuaja perfectamente con una niña, o una adolescente o una mujer.

 

Senti algo parecido a cuando me enteré de que estaba embarazada, todo lo que había planeado hasta el momento, no me iba a servir de nada. Estaba en cero. Con el disco rígido sin memoria, sin información, casi sin sistema operativo.

 

Y no por querer ser (que quiero pero no es el caso) una madre políticamente correcta, pero tardé apenas  instantes  en convencerme lo lindo que sería criar a un varón, aunque siga siendo la única en la casa que mire telenovelas y las Barbies sigan siendo un trauma infantil sin resolver.