Adios a las Barbies

Mi infancia estuvo desprovista de dos cosas que hoy adoro: las Barbies y las telenovelas.

 

Las Barbies, no se si no existían, si no me las compraban, si yo no las pedía o si me empezaron a gustar de grande pero no recuerdo haber tenido ninguna.

 

En realidad, no jugaba demasiado con muñecas. Tengo un vago recuerdo de que mi mama (o alguien en mi casa que ejercía influencia sobre mi) las consideraba  “tontas”. Y yo, que al parecer era una chica influenciable, acoté sin chistar.

 

Sobre las telenovelas, existía una prohibición explícita. “Eran cosas de grandes”. Pero como, además de influenciable era un poquito rebelde, las miraba, a veces, a escondida.

 

El trauma de las telenovelas esta totalmente canalizado. No solo me doy  mis grandes “panzasos” frente al canal  Volver, sino que  me dedico a  escribirlas.

 

Lo de las Barbies pensaba canalizarlo en el cuarto de Ona, pero parece que tendré que esperar.

 

Luego de la punción, en la eco para chequear que el bebé estuviera bien y que no se hubiera formado ningún hematoma,  me animé, a pesar de los nervios, el miedo, y a riesgo de parecer una madre superficial, preocupada por minucias cuando la salud de mi bebé estaba en juego, a preguntar:

 

-El sexo no se ve, ¿no?

-Algo, pero no puedo confirmártelo.

-¿Pero que se ve? -insistí.

-Tomalo con pinzas pero tiene pinta de ser…

-Varón –intervino Gustavo

-No, nene. –lo corregí.

-Sí, tiene pinta de varoncito. – dijo la ecografista.

 

Gustavo siempre interviene “adivinando, deduciendo, viendo” correctamente en las ecografías. Hasta he llegado a preguntarle si tuvo otros hijos antes que Cositita porque es asombrosa su capacidad para ver y entender qué es cada parte. Y cualquiera que haya visto una ecografía de menos de 13 semanas de gestación, sabe lo difícil que es. Para mí es casi como jugar a encontrar formas en las manchas de humedad de la pared: azar. O como mucho, imaginación.

 

 

Hubiera jurado que era una nena.

 

Siempre, aun antes de quedar embarazada, aun antes de conocer a Gustavo, me imagine madre de niñas. Una, dos, hasta cuatro. Pero nunca de un varón.

 

A todo lo que quería jugar con mi hija, todos los consejos que deseaba transmitirle, todas las actividades que tenia para compartir son para nenas. No solo el cuarto lleno de Barbies, los peinados, la literatura, las películas, las princesas de Disney, los consejos sobre el amor, sobre higiene, sobre educación sexual, sobre relaciones y amistad. Cualquier actividad que se me ocurra, cuaja perfectamente con una niña, o una adolescente o una mujer.

 

Senti algo parecido a cuando me enteré de que estaba embarazada, todo lo que había planeado hasta el momento, no me iba a servir de nada. Estaba en cero. Con el disco rígido sin memoria, sin información, casi sin sistema operativo.

 

Y no por querer ser (que quiero pero no es el caso) una madre políticamente correcta, pero tardé apenas  instantes  en convencerme lo lindo que sería criar a un varón, aunque siga siendo la única en la casa que mire telenovelas y las Barbies sigan siendo un trauma infantil sin resolver. 

5 respuestas a Adios a las Barbies

  1. Ana dice:

    No sé por qué… pero se me ocurre que a alguna futura mujer le va a ser muy útil que tu varoncito tenga toda esa sabiduría que tenías guardada para tu nena.

    Y si entendiste el trabalenguas que acabo de escribir, te ganás además un autito para Abel (che… me estoy amigando con el nombre Abel!)

  2. jessivalls dice:

    Me lo gané porque entendi perfectamente!

  3. Daniela dice:

    Hoy es el dia no? Y debes estar hiperansiosa pero me encanto que estuvieras pensando en como serias como mamá….aunque los libretos una vez que nacen no nos sirven de mucho jajajajaa
    Yo siempre soñe con hijas mujeres…y las tengo. Como vos decís comparto con ellas muchas cosas: telenovelas, muñecas, cuentos, gustos parecidos….pero una varon tambien tiene lo suyo…en casa estaria bueno uno que nos tire los cuadros de un pelotazo ajjajaja!!!
    Esperamos noticias cuando vuelvas!!!!
    Dani

  4. AnA dice:

    Ay Jessi, yo también tengo el trauma de la Barbie. Porque en mi época, eran carísimas. Yo tenía una imitación espantosa, y mi amiga Gisela una Barbie hermosa vestida de princesa con coronita y todo! Nunca entendí porqué no tuve una, entonces fue tan grande mi trauma que de grande me compré una para mi, en Disney! jajaaj
    Solo está de vista, porque para jugar se me fue la edad, pero me encanta tenerla!!😀

    Y si tiene que ser Abel, también es lindo, en este caso le gustarán los autos, o la pelota…. bah, ojalá le gusten las mismas cosas que a su papá.

    Cariños a los tres y mucha esperanza para hoy!!
    Te quiero mucho!!!!
    AnA

  5. MARIA de Marcelo y ahora de Joaquin dice:

    Ayyy, Dios! Me pasò exactamente lo mismo!. Mi disco rigido estaba sintonizado para criar una hija mamà, hasta sabìa què dìa iba a impartirle la primera charla sobre la importancia de usar delineador que no se corra. En mi caso, cuando fuimos a hacer la ltranslucencia, fui yo la que vi que habìa algo que sobresalìa, y estaba ahì mostrandose opiramente.
    Pero, a diferencia tuya, yo sabìa que iba a ser madre de varòn. Simplemente porque en la vida, todas las cosas me fueron màs complicadas. Y para mì que desde que tenìa 3 años estuve preparandome para llevar a mi hijita a ver una de princesas; iba a ser lògico que tenga que entrenarme con algo mucho mas lejano y desconocido como es el mundo varonil.
    Pero Jessi, para tu consuelo, te cuento que hasta ahora, -y ya van 3 meses-, es mucho màs fàcil de lo que parece. Es que hay algo que supera cualquier chip que creamos tener, y es el mother, que justamente se llama asì por algo. El ser madre de varòn, de mujer, supera cualquier cosa que creas desconocer.
    Vas a ver que hasta vas a ver linda la ropita de varòn, y hasta te vas a imaginar los domingos llevandolo a algùn partido de algun deporte que elija; y sin que te des cuenta vas a darte cuenta que aprendiste a los treinta y tantos, significados de palabras como “offside”, “corner”…
    Vas a ver que vas a convertirte en su primer amor, y cuando lo veas mirarte embobado cuando te peinas, vas a alegrarte de no tener que preocuparte por las Barbies.

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