Imágenes

septiembre 30, 2008

Soy consciente de que ver una ecografía que no sea de tu hijo  es tan aburrido como ver el video de casamiento de una fiesta a la que no fuiste invitado.

Ustedes sean conscientes de que soy madre primeriza. Si eso  me da algún permiso, acá va: http://www.youtube.com/watch?v=B7Dqinm3kVw

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Ventajas III

septiembre 29, 2008

Cuando vas a hacerte una eco, tenes que comer algo dulce antes para que el bebe este movedizo… asi que hoy desayune Neskuik y Tita… despues le cuento si es mito o realidad.


La tía Carla: “Cambio hijo por sobrino”

septiembre 29, 2008

 

El sábado almorcé con dos amigas, una de ellas, madre de una beba de 40 días. Al volver le contaba a mi hermana sobre el paseo.

 

– Manejé el cochecito de la beba. No es tan difícil. Pensé que costaba más.

 

– Depende la marca, al principio puede ser duro, pero después te acostumbrás.

 

– Lo difícil fue tenerla a upa. Temblaba.

 

– ¿La beba?

 

– Yo.

 

– ¿Y tu amiga como estaba?

 

– En crisis. Dice que la beba depende constantemente de ella.

 

– Y sí.

 

– Y lava toda la ropa a mano.

 

– Mirá…

 

– Y plancha toooodo, porque la plancha mata toooodo.

 

– Son teorías. Yo ni siquiera tenía plancha, y  Marco está lo más bien. No creo que sus problemas de conducta sean porque no le planché la ropa.

 

– Jaja.

 

– …

 

– Igual me da miedo.

 

– ¿Qué cosa?

 

– No poder con toooodo… ¿Vos me vas a ayudar?

 

– Claro. Te voy a dejar a Marco y me voy a llevar  a Abel.

 

 

 

 


Marco Dixit V

septiembre 28, 2008

“Las ecografías parecen películas antiguas, porque salen en blanco y negro.”


Inevitable…

septiembre 25, 2008

Gustavo escribe una demanda para la facultad, en la notebook que antes era mía y ahora es de los dos, porque “lo que esta en casa es de todos”, enseñanza que traigo de la casa de mis padres, y que elegí seguir (no como la de que las mujeres lavan los platos y los hombres cambian lamparitas); yo tipeo en la PC que era de él, pero que hoy tiene sesión para ambos. Cada tanto una caída de ojos, una frase en la ventanita del chat, o una caricia al pasar, nos recuerda que estamos ahí: presentes.

 

Esta plenitud  que hoy se me presenta tan cotidiana, alguna vez fue un sueño que creía que nunca iba a alcanzar… No nací feliz y mucho menos enamorada. He sido una niña que sufría por sentirse diferente, una adolescente acomplejada y una treintañera solterona.  Me ha tocado ser el número impar de muchas cenas de parejas, ir sola al cine, y asistir a varias (y horribles e interminables) citas a ciegas. Me he justificado con frases… “los hombres me temen” “prefiero la soledad así no tengo que darle explicaciones a nadie” “pasa que mis energías están todas puestas en la profesión, y no le doy lugar a la pareja”. Pasé mucho tiempo descreída del amor.  No  del que a mí no me llegaba… sino de AMOR en general. Estaba convencida de que nadie amaba a nadie, que la gente simplemente se conformaba para tener una compañía…  Y volvía a justificarme diciéndome que para eso “prefería la nada”.

 

Había desarrollado un humor ácido para referirme a las parejas felices…

 

Primero fue  reconocer que estaba equivocada.

 

Segundo,  admitir que yo también quería un amor…

 

Y después,  él. Tan simple, tan cotidiano. Tan hermoso. Y fluyó. Y creció.  Y se multiplicó.

 

Hoy hago, digo y pregono esas mismas cosas de las que antes me hubiera burlado una hora seguida… Como ayer por ejemplo, cuando Gustavo configuraba la red inalámbrica y me pregunto:

 

-¿Qué nombre el pongo a la red?

 

Los dos respondimos al unísono:

 

Jessica: Abel   //   Gustavo: Cositito

 

Finalmente, le quedó “Jessica” a la PC que era de él. “Gustavo” a la notebook que era mía. Y “Abel Cositito” a la red que las conecta.  

 

¿Patético? ¿Tierno? 

 

Hoy,  para mí, simplemente inevitable.

 

(Ustedes pueden ser sinceros… Y burlarse una hora seguida.)

  

 


Marco Dixit IV

septiembre 23, 2008

Le contaba a su otra prima, que yo tenía un bebé en la panza.

-Ahora se llama Cositito, despues se va a llamar Abel.