Mamá pata

diciembre 30, 2008

Gustavo vino de trabajar y me encontró con cara de sufrimiento y manos en el vientre.

-¿Te sentís bien, Cosis?

-Creo que tengo contracciones.

Empalideció.

-Es normal, mi amor. No me duelen.

-Ah.

-Pero me dan impresión.

Entonces se agachó y le habló a la panza.

-Abel dejá de molestar a mamá que tiene que trabajar.

-No lo retes que no tiene la culpa. Es algo que hace el útero no él:  se contrae y se estira.

(Burlón) Ahhh… ¡Mirá que mamá pata,  cómo defiende a su hijo! ¡Ya lo empezaste a cubrir para ponerlo de tu lado!

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Padre ofendido.

diciembre 26, 2008

Veíamos entusiasmados un documental en Nathional Geografic Chanel, sobre la vida intrauterina del bebé. Sonó el teléfono. Me fui a atender a la cocina, y cuando volví, la tele estaba apagada.

-¿Qué pasó?

-Nada.. Decían que el bebe escucha la voz de la madre vía liquido intrauterino. Y que la del padre es una voz mas, que pueden reconocer cuando nace, o no.

-¿Y?

-Y no me gustó y lo apagué.


Desvelo

diciembre 14, 2008

Despues de pasar unos días de Luna de Miel, no sólo con mi flamante marido sino también con mi embarazo, en la cual las nauseas y los malestares parecían haber desaparecido (Ilusa y exagerada yo, no sólo para lo malo, creí que para siempre) esta noche volvieron con todo… Es la quinta vez que me levanto a vomitar. (Para los que leyeron el blog desde el principio: sí, aprendí. En realidad, no es algo que se aprende sino que sucede. Cuando contaba  que no sabía vomitar, Gustavo decía que me habían faltado borracheras . Evidentemente lo que me faltaban eran embarazos).

En fin, decìa que esta es la quinta vez que me levanto, y a pesar de lo espantoso que es, pude rescatar uno de los momentos más tiernos del embarazo:

-Qué   pena, Cosis

-Que cosa?

-Que te duela solamente a vos…

Y siguió durmiendo… Creo que ni se enteró que lo dijo.


Ventajas VIII

diciembre 13, 2008

En viaje hacia Cariló

-¿Podemos parar en una estaciòn de servicio, mi amor?

-¿Tenes ganas de ir al baño?

-No.

-¿Hambre?

-No.

-¿Entonces?

-¿Podemos o no?

.

Mas tarde…

-¿Tenias un antojo, cosis?. ¿por que no me dijiste?

.

Mas, mas tarde…

-¡¡¡Al fin!!!

-¿Qué paso?

-Que se movió Abel. No se habia movido en todo el viaje,

-¿Para eso el chocolate? ¿Para que se mueva?

-Si.

-Que madraza que sos.

-¿Viste?

-Aunque tampoco fue tan sacrificado… ¡De paso te clavaste un toblerone!


Trauma

diciembre 11, 2008

-¿Mi amor, viste que no me senti mal ni un día?

-Re bien, cosis.

-Yo que le echaba la culpa a Abel, y parece que eran los nervios del casamiento.

-Que bonito, pobre hijo.

-¿Vos pensas que le pude haber provocado un trauma intrauterino?


Sorpresas y temores

diciembre 9, 2008

Posiblemente, cuando a mi hermana (la tía carla, para ustedes) le arreglen, al fin, la compu y vuelva a acceder a Internet, se sentirá un poco decepcionada al leer el post anterior, en el que confieso que me costaba conectarme con la imagen 4D de mi bebé intrauterino,  pues una de las tantas sorpresas que preparó para mi fiesta de boda fue regalarme  una almohadita con la cara de Abel impresa.

Pero no sé si es que ya me acostumbré a verlo, si mi personalidad contradictoria está más contradictoria que nunca o si se debió al contexto en el que la almohadita me fue entregada (luego de leerme una carta en nombre de mi hijo, y con “Vos sabés” de Vicentitico, de fondo,  que ese momento fue sin duda uno de los momentos más especiales y emotivos de mi fiesta.

Y eso que hubo muchos. Demasiados. Más de los que puede resistir un corazón sano.

Si no lean:

A las 22.10,  según lo acordado, mi papá y mi hermano pasaron a buscarme , y con ellos llegaba la primera sorpresa: un auto hermoso, envuelto en un moño gigante. Jamás lo había imaginado.  Ni siquiera lo había fantaseado. Es más, cuando el día anterior, mi papá me dijo , con obviedad, que manejaría mi hermano, y que él viajaría  atrás conmigo,  me extrañé. Para mí, que pasara  a buscarme era un tema de comodidad, no de “espectacularidad”, como finalmente fue.

Durante las cuatro cuadras  que separaban mi casa del club,  mi papá me dijo en varias ocasiones que estaba muy linda. Si les parece natural es porque no conocen a mi papá. Él es de los que no regala (ni alquila, ni vende) elogios. Incluso momentos antes le había confesado a mi amiga Cecilia, que ayudó a vestirme, el miedo a que mi papá me criticara el maquillaje (nunca le gustó que me maquillara), y mi mamá, al llegar, la postura encorvada. Con esa frase, pequeña en palabras y  potente en sentido,  desterró mi primer temor.  Y me sentì, no solo linda, sino cuidada.

Luego, las fotos de rigor, y la entrada…

Pensar que cuando con Gustavo empezamos a esbozar lo que sería nuestra fiesta, habíamos decidido que no hubiera entrada, y que esperara a los invitados adentro. “El lugar  no da” habíamos pensando. También habíamos pensado que “no daba”  vestirme de novia. Pero cuando la modista me presentó los distintos retazos de telas  (bambula, algodón, y similar) acorde a la descripción que le había hecho del atuendo que querìa: “algo sencillo, un vestido que  pueda volver a usarlo una tarde cualquiera”, no me gustó ninguno.  Por allí, arriba de la mesa, había un retazo de tela que no estaba destinada a mí.  La señalé y  dije “algo asi quiero”, y arriba quiero que le pongas algo “asá” (le mostré en una revista).

-¿De piur? – se sorprendio.

-Eso.

-¡Pero esa tela,  en ese modelo, de ese color y con ese bordado en el escote es un vestido de novia!

-¿Sí?

-Sí.

-¿Y queda mal una novia embarazada?

Cuando le comenté a Gustavo, me dijo que entonces tenía que entrar con mi papá, que no podia recibir a los invitados “disfrazada” de novia. Confieso, que allí estuve a punto de desistir, hasta que aclaró que era un chiste, que iba a estar hermosa y le encantaba la idea.

-Entonces, yo tengo que estar de traje.

-Pero le dije a los invitados que era sin traje. Van a creer que quería que te destacaras.

-Soy el novio, puedo darme ese lujo.

_Aia

-¿Qué pasa, cosis?

-Hay que elegir música para entrar.

Durante días,  ésa fue mi gran (nueva) preocupación… Hasta que Gustavo me preguntó si lo dejaba elegirla a él y que fuera sorpresa.  Le pregunté cómo se podia sorprender con musica a alguien que no escucha  música pero él insitió que confiara en él.  Solo le pedì que fuera en castellano.

-¿Esto es Mejicano, no? -Le pregunté a mi papá mientas caminábamos por un pasillo,  adornado con ficus y moños de tul (segunda sorpresa de la noche, autoría de Carla Valls).

-Parece…

Puse un pie en el salòn… y veo a un grupo de Mariachis cantando para mí.

No saben lo que fue ese momento. Y yo tampoco sé. Estoy esperando ver algunos de los videos para rememorarlo. Se me nubló todo. La vista, los oidos, la razón… Fui pura emoción.

Me encantan los Mariachis.

Hace poco dias le  dije a Gustavo que si pudiéramos poner un show en la fiesta elegiria Marichis… Pero no podemos ¿no?

Y él pudo.

El es asì. Ya les dije una vez, complaciente. Hermoso.

Hubo cinco musicos cantando para mí.

Esa fue la tercera sorpresa de la noche.

A pesar de la vista nublaba, pude ver cómo se desvanecìa otro de los temores que me había abrumado en los ùltimos días: mi fiesta tenía asistencia casi perfecta. A pesar de que no podía distinguirlos (hasta el momento sólo eran una masa amorfa), pude deducir que eran muchos, casi todos, que la gente había sido puntal, que  nadie se había olvidado del  evento, y que no me casé sola, frente al juez, los testigos, mis padres y mis suegros, como unicos espectadores.

El juez no era sorpresa. Lo había contratado especialmente para la ocasión. Lo sorpresivo fue que a la hora de decirle unas palabras “al novio”,  no dije ni una sola palabra, ni siquiera el concepto, de lo que había ensayado mil veces mentalmente.  Le dije espontaneamente, que era el amor de mi vida y que era hermoso casarse con el amor de la vida y con el convencimiento de que era la persona adecuada para mi, y èl me dijo que, a pesar de haber hecho las cosas un poco desordenadas (primero concebido un hijo, luego convivencia, y finalmente casamiento) lo único que no tenia desordenado eran sus sentimientos.

“Te amo, cosita” –pronunció. Y yo mori de amor.

Luego, el sí, el intercambio de alianzas, la entrega de libreta roja, los aplausos, la serpentina sobre los novios, y un nuevo temor se desvanecía: todo habia salido bien, es decir, Gustavo no habia desistido, ni confundido mi nombre,   ni nadie habìa interrumpidó la ceremonia. Afortunadamente,  ninguna de mis fantasìas novelezcas se habìan cumplido…

A la hora de los saludos, pude constatar que efectivamente, mi fiesta tenia asistencia cuasi perfecta. Habia logrado reunir a las personas más queridas. Y Gustavo a las suyas

Luego, dos sorpresas más, que sabìa que tendría, pero no cómo serían. Los centros de mesas y los souvenir, regalos –otra vez- de Carla. Hermosos, a juzgar no solo por mi sino por la gente que se peleaba por llevárselos a la casa.

Al sentarme a comer el primer plato, le pregunté a Gustavo, como seguía todo.

-Tranquila, la fiesta la hace la gente. -dijo.

Y la gente estuvo o se la vio o la vi yo desde mi lugar, muy bien. La primera tanda de baile tiraba por la borda otro de mis –ya incontables- temores. Bailaron. Pocos se quedaron en la silla. Se percibía diversión. Y en la última tanda, tambièn llegó el (bienentendido) desconcotrol.

-¡Sabes por qué  pasa esto,  no, cosis?

-¿Por el  cotillon? –intenté adivinar inocentemente.

-No, es el efecto Fernet.

Habíamos tenido un intercambio de ideas al respecto. Yo temía (para variar) que el Fernet emoborrachara mal a los invitados, él me aseguró que los emborracharía bien.

Ganó el.

De todos modos, yo insisto que el cotillòn ayudó, tal vez porque fue parte de la ùltima sorpresa y a mi me generó ganas de bailar de la alegría.  No iba a haber.  Pero mi hermana mi hermano y mis dos amigas, Cecilia y Karina, se aliaron para que a mi fiesta no le  faltara nada.

Y así fue.

En nuestro segundo dia de Luna de Miel, Gustavo y yo seguimos excitados, y no podemos dejar de hablar de la hermosísima fiesta que tuvimos.

Una vez mas el pensamiento magico no funciono conmigo. No se cumplieron ninguno de mis temores.

Y ni Julián Weich, con todo su equipo de producción,  hubiera podido sorprenderme mas veces y mejor.

Fue la noche más hermosa de mi vida.

Gracias  a todos los que fueron parte y a los que hicieron fuerza para que fuera lo que fue.


ECO 4 D: LA PREGUNTA DEL MILLÓN

diciembre 6, 2008

“¿Te emocionaste?

Desde que anuncié que me la haría todos quieren saber qué se siente conocerle la cara a tu hijo y cuantas lágrimas se derraman al verlo.

A riesgo de causar decepción diré que, para mí, fue emocionante, pero no más que cualquier otra ecografía. Es decir, me emociona saber que mi bebé está creciendo perfectamente;  que tiene un peso saludable, que ya está  en posición, que el cordón umbilical no corre riesgos de enredarse y  que todos los órganos se han desarrollado en tiempo y forma.

¿Conocerle la cara? ¿La nariz parada? ¿Descubrirle un parecido con mi sobrino? ¿Saber que salió con mi boca? Me dio exactamente lo mismo.

Luego de ahondar en mi sentimiento, tratando de encontrarle alguna explicación a mi “no fascinación” por las imágenes en “4D” (¿Cuál será la cuarta dimensión?) , pretendiendo entender por qué a los demás, incluso al padre de la criatura, le resultaba tan emocionante algo que a mí, si bien me gusta ver –no voy a negarlo- no me desespera, pude encontrar una similitud a otra experiencia: minutos después de que naciera Marco, mi papás y yo nos acercamos a la noursery y, ñata contra el vidrio, elogiábamos y le tirábamos besitos a un bebé que alguien había señalado como “nuestro”.  Luego, entró una enfermera y nos dijo que Marco era el bebé de al lado del que estábamos  saludando. O sea que durante 10 minutos estuve, no solo contemplando con fascinación sino “amando” a un desconocido. Reparar mi error llevó instantes, y dos segundos después, y hasta el día de hoy,  adoro al sobrino correcto…

Que fuera uno u otro, daba exactamente lo mismo.

Lo mismo con la ecografía.

Tal vez por eso, al llegar, una de las primeras cosas que hice fue buscar en “you tube” ecografías eco 4D de otros bebés.

-¿Que tenés miedo, Cosis, que a todos nos pongan el mismo video?

– jajja

-¿Para qué querés ver otras?

-Para ver qué siento.

-¿Cómo que sentís?

-Es que miro la foto que nos imprimieron, y me cuesta reconocerlo como mi hijo.

-Dicen que es usual…

-¿Ah si?

-… que las madres que rechacen a sus hijos.

-¡Tonto!

-…

-…

-Dale ayudame a buscar una eco… ¿cómo pongo para que salga la de  un bebé japonés?

-¿Japonés?

-Quiero ver si ya se le notan los rasgos.

-Para mí que tienen cuatro o cinco videos armados, y te ponen el que mejor coincide con los rasgo de  los padres.

-¡Basta de cargarme!

-Es que me da bronca, cosis, no reconocés a tu hijo. Lástima que no tengo un blog, sería bueno que tus lectores supieran esto.

-No es que no lo reconozca. Es que me cuesta asociar esa imágen a Abel.

-¿Te lo imaginabas distinto?

-No me lo imaginaba.

-¿Entonces?

-A ver… Es como cuando chateas mucho tiempo con alguien a quien no conocés…

-Desconzco, nunca lo hice.

-Dale

-En serio.

-Bueno, yo sí. Siempre conozco a mis compañeros de trabajo antes por chat que personalmente…

-Claro, claro…

-Si chateas durante mucho tiempo con alguien, ponele un año entero,  cuando  finalmente  la conocés, al principio te cuesta asociar esa cara a la de la persona con la que chateabas.

-¿Te pasó muchas veces?

-Ya te dije, por mi trabajo… También con mis amigas del foro de telenovelas… Alguna que otra vez.

-Aha.

-Creo que eso fue lo me pasó con la eco. Me cuesta asociar  esa imagen con la del hijo, del que tanto hablamos, al que tanto pensamos, al que tanto amamos.

-Si pretendías arreglarla, la embarraste. ¡Comparar a tu hijo con un levante del chat!

-No entendiste nada.

-Definitivamente, tengo que abrirme un blog y escracharte.

-No te gastes,  me escracho sola.

-…

-Ah… ¡Y nunca me levanté a nadie por chat!