De pronto

enero 29, 2009

De pronto… tengo miedo. O no tan depronto. Pero este es un miedo nuevo y reciente y vivo, que me está haciendo llorar. En quince días más,  nacerá mi hijo varón. ¡Mi hijo varón! Me cuesta entenderlo. El viernes pasado, mi tía Vicky, médica ella y madre de cinco hijos, me explicaba que cuando el útero se vacía le mandaba una alerta a la hormona que segrega la leche para que empiece a producirla. Gustavo y yo nos mirábamos perplejos, y uno de los dos comentó en voz alta la consabida frase “la naturaleza es sabia”. Hoy siento que con esa hormona segregando mi leche no hago nada… que si la naturaleza fuera tan sabia debería también mandarle una alerta a la parte del cerebro que activa el gen de “buen cuidado”.  Tengo miedo de que mi bebé se me caiga de las manos, de que se  me resbale, de olvidarme de  esterilizarle el chupete,  de no mirar la fecha de vencimiento del Danonino… en fin, de que un descuido mío le haga mal. Será porque siempre me dijeron que era descuidada. Será porque soy descuidada.  Será porque mis amigas  me dicen que van a regalarle un “lo-jack” para rastraerlo por satélite cuando lo deje olvidado… por ahí.

¿Podré cambiar ahora? ¿Podré cambiar para él?

Recuerdo un diálogo  maravilloso de la maravillosa película Misión Imposible.  Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: “Tu haces que yo quiera ser mejor persona”

Yo no podría expresarlo mejor.

Mi hijo hace que yo quiera ser mejor persona. Y en este momento, a punto de tener una criatura que dependerá íntegramente de mí en mis brazos, ser mejor persona sólo puede significar una cosa: convertirme en una mujer cuidadosa.  De pronto.


El cochecito

enero 27, 2009

Acabo de aniquilar uno de mis temores-fantasías. Di tantas vueltas para comprar el cochecito que creía que Abel iba a nacer y no lo iba a tener… que desde la clínica le iba a pedir a mi hermana que acompañara a Gustavo a comprar uno, y que -por supuesto, sino no sería un temor/fantasía- el que compraran no me iba  a gustar.  Tal vez significa mucho porque es lo único que le compré a mi bebé. Lo único. No “l o  ú n i c o  i m p o r t a n t e” , si no “l o  ú n i c o”, a secas, ni un sonajero le compré.  Ropa, juguetes, baberos y zapatos le regalaron muchos, y otro tanto heredó de Marco. El Moisés es el que usó Gustavo hace cuatro décadas, y  su abuela se está encargando de  “vestir”. La practicuna me la regaló una ex compañera de escuela, pues como hoy le decía a Gustavo-un poco en broma, un poco en serio; ese poco en serio, un poco justamente y otro poco injustamente-  cuando estás embarazada todo  el mundo (el mundo real y cercano como  las amigas que te visitan en vez de que las visites, por ejemplo) y toda la sociedad (con sus  cartelitos de “prioridad embarazada”)- tiene consideración de una menos el marido.  Pero posiblemente ese sea tema para otro post. Ahora estaba en que Abel tiene de todo pero no gracias a mí. Bañadera, sillita de comer , cambiador,  mochilita y otros menesteres  heredó de  su primo mayor. ¡Y todo el buen estado! Mamaderas me regaló mi hermano, y unas buenísimas que -dicen-no  provoca cólicos (¡?). El chupete Avent -¡¡el mejor ($24 pesos cada uno, ¿pueden creerlo?)!!-fue una gentileza del curso de preparto.  El mueblecito para su ropa fue reciclado ( y ahora parece nuevo);  era de un amigo de mi papá que por cosas de la vida estaba “molestando” en casa de mi hermana. Y hay más cosas para enumerar, que ahora no recuerdo. Lo único que no quise que me regalaran, aunque tuve ofrecimientos, fue el cochecito y su respectivo huevito… Quería elegirlo yo. No sé si alguien tuvo el gusto, pero hay modelos, marcas y una variedad de precios enorme.  Tal vez no sea parámetro porque -todos saben- soy de lágrima fácil, pero el otro día en Creciendo casi me pongo a llorar delante del paciente vendedor.  No entiendo como la sabia Naturaleza puede bendecir con el don de la maternidad a una mujer que no puede tomar la decisión de qué cochecito comparle a su hijo… Asi de conflictuada estaba con el tema… Hasta que hoy, a veinte días de dar a luz,  volví al primer lugar al que había ido hace unos meses, a cuatro cuadras de casa, y había huido porque con ninguno de los cochecitos que vendían allí sentía que podía arreglármelas sola y viajar en colectivo. Luego de una extensa búsqueda llegué a la conclusión que con ningún cochecito del mercado podré hacerlo… y, vencida,  incapaz, puse la decisión en las manos de Gustavo…  Ni el color elegí… Cuando salíamos me preguntó:

-¿Y Cosis? ¿Estas contenta?

-No era el cochecito que soñaba, pero todo bien, mi amor, yo no podría haberlo hecho mejor.


Marido permisivo

enero 21, 2009

-Mi amor…

-¿Si, Cosis?

-Viste que yo no tengo experiencia en matrimonios ni convivencias.

-Aha.

-Y hay algo que no sé como se maneja

-A ver.

-Ponele  que quiera ir a la quinta de mi amiga y quedarme a dormir… ¿Se puede?

-¿Estas loca?

-Ah. ¿No se puede?

-¡Sí! ¿Como voy a  desaprovechar la única oportunidad de dormir una noche de corrido? ¿Dónde hay que llevarte? ¡Eso sí, a tu amiga también ponele el puf arriba de la cama para dormir sentada!


Rarezas

enero 13, 2009

Estaba acomodando la ropa del bebe en su cómoda. Separaba por talle. En ese preciso instante, además, pensaba en que podía usar el techo de la cómoda de cambiador, y de pronto, me dio un escalofrío. Por una milésima de segundos me di cuenta de que Abel iba  a existir.

 

Claro que lo sé, claro que lo siento, claro que creo que la vida empieza en la concepción y no en el nacimiento…

 

Pero nunca, hasta ahora, había tenido conciencia tan clara de lo que está por suceder.

 

En ese instante, Abel no fue una ilusión, ni un amor, ni Cositito, ni lo mejor que me pasó en la vida. Fue un pedazo de carne con patas y pelos.

 

Como cuando uno sueña con sensación de realidad.

 

Me pareció que estaba ahí.

 

Fue raro.

 

Mi papá dice que los fotógrafos (el lo fue) nunca, bajo ningún punto de vista,  deben mostrar  las fotos que le salieron mal. Podría hacer una analogía y pensar que los escritores no deberíamos describir lo que no sabemos cómo.  Pero no quería dejar de documentar este momento, aunque no pueda hacerlo mejor. Lo siento.


Un mala noche, casi todas las noches

enero 12, 2009

Luego de una mala noche llena de reflujo y acidez…

-¿Te preparo cafe, Cosis?

-Nooo.

-¿Un juguito de naranja?

-No, mi amor.

-¿Y qué querés desayunar?

-Bicarbonato.


Padre orgulloso, marido egocéntrico

enero 10, 2009

Últimamente, Gustavo trabaja de noche. A veces lo espero despierto. A veces me despierto cuando llega. Anteanoche no. Al  mediodía siguiente, al levantarse me dijo:

-¿Cómo esta mi hijo, Cosis?

-Bien. Tranqui.

-No sabés el festín que se hizo anoche cuando llegué.

-¿Sí?

-Impresionante. Pegaba saltos dentro de tu panza.

-Sí, tuvo un día particularmente movedizo.

-No, no… No sabés… Nunca lo viste así. Yo le ponía la mano en la panza y me contestaba… Cada golpe me pegó.

-¿Tanto?

-Im-pre-sio-nan-te.

-Waw

-Para mi que expresa tu estado de ánimo… Vos estarías feliz porque llegué a casa y él lo expresa así.


Esperando al Mesías

enero 8, 2009

Tal vez fue la espera y el aburrimiento (hacía mas de una hora que estábamos en la antesala de consultorio  del cardiólogo) o el cansancio (había dormido unas pocas horas), pero hoy escuché una de las ocurrencias más desopilante de todo el embarazo.

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Para variar imaginábamos en voz alta la vida con Cositito. No sé exactamente a que vino, pero en un momento de la conversación, Gustavo me tocó la panza disparó:

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-¿Y si es el Mesías?

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Cuando recuperé el habla, luego de las carcajadas, mías, de él mismo y del viejito que estaba sentado al lado nuestro,  le recriminé:

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-¡Padres eran los de antes que solo les importaba que sean sanitos!