El cochecito

Acabo de aniquilar uno de mis temores-fantasías. Di tantas vueltas para comprar el cochecito que creía que Abel iba a nacer y no lo iba a tener… que desde la clínica le iba a pedir a mi hermana que acompañara a Gustavo a comprar uno, y que -por supuesto, sino no sería un temor/fantasía- el que compraran no me iba  a gustar.  Tal vez significa mucho porque es lo único que le compré a mi bebé. Lo único. No “l o  ú n i c o  i m p o r t a n t e” , si no “l o  ú n i c o”, a secas, ni un sonajero le compré.  Ropa, juguetes, baberos y zapatos le regalaron muchos, y otro tanto heredó de Marco. El Moisés es el que usó Gustavo hace cuatro décadas, y  su abuela se está encargando de  “vestir”. La practicuna me la regaló una ex compañera de escuela, pues como hoy le decía a Gustavo-un poco en broma, un poco en serio; ese poco en serio, un poco justamente y otro poco injustamente-  cuando estás embarazada todo  el mundo (el mundo real y cercano como  las amigas que te visitan en vez de que las visites, por ejemplo) y toda la sociedad (con sus  cartelitos de “prioridad embarazada”)- tiene consideración de una menos el marido.  Pero posiblemente ese sea tema para otro post. Ahora estaba en que Abel tiene de todo pero no gracias a mí. Bañadera, sillita de comer , cambiador,  mochilita y otros menesteres  heredó de  su primo mayor. ¡Y todo el buen estado! Mamaderas me regaló mi hermano, y unas buenísimas que -dicen-no  provoca cólicos (¡?). El chupete Avent -¡¡el mejor ($24 pesos cada uno, ¿pueden creerlo?)!!-fue una gentileza del curso de preparto.  El mueblecito para su ropa fue reciclado ( y ahora parece nuevo);  era de un amigo de mi papá que por cosas de la vida estaba “molestando” en casa de mi hermana. Y hay más cosas para enumerar, que ahora no recuerdo. Lo único que no quise que me regalaran, aunque tuve ofrecimientos, fue el cochecito y su respectivo huevito… Quería elegirlo yo. No sé si alguien tuvo el gusto, pero hay modelos, marcas y una variedad de precios enorme.  Tal vez no sea parámetro porque -todos saben- soy de lágrima fácil, pero el otro día en Creciendo casi me pongo a llorar delante del paciente vendedor.  No entiendo como la sabia Naturaleza puede bendecir con el don de la maternidad a una mujer que no puede tomar la decisión de qué cochecito comparle a su hijo… Asi de conflictuada estaba con el tema… Hasta que hoy, a veinte días de dar a luz,  volví al primer lugar al que había ido hace unos meses, a cuatro cuadras de casa, y había huido porque con ninguno de los cochecitos que vendían allí sentía que podía arreglármelas sola y viajar en colectivo. Luego de una extensa búsqueda llegué a la conclusión que con ningún cochecito del mercado podré hacerlo… y, vencida,  incapaz, puse la decisión en las manos de Gustavo…  Ni el color elegí… Cuando salíamos me preguntó:

-¿Y Cosis? ¿Estas contenta?

-No era el cochecito que soñaba, pero todo bien, mi amor, yo no podría haberlo hecho mejor.

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