El Nido

marzo 28, 2011

-Mirá como me quedó la pava, mi amor…

-Bien, bien.

-¡Parece un espejo!  Y ahora voy por la olla. ¿Sabes por qué me agarró este ataque de limpieza?

-¿Estás aburrida?

-No. Se llama sindrome del Nido… Parece que le da a  las embarazadas, que se obsesionan por tener todo limpio antes de que nazca el bebé.

-Que raro que leas algo y después te ataque…

-No. Esta vez fue al revés. Primero me atacó, y despues me enteré de que existía.

-Aha…

-¿No esta buenísimo?

-Y sí,  de todos las locuras que te dan, esta parece la más productiva…

Y asi fui,  todo el fin de semana largo presa de mis palabras, cada cosa fuera de lugar, cada tarea doméstica sin hacer, cada vez que terminamos de comer y había que lavar los platos,  cada juguete de Abel fuera del baúl de los juguetes, mi marido me reclamaba:

-Jessica, Jessica… El Nido!! Hay que poner a punto el Nido!…

***

Esta mañana, antes de que Gustavo se fuera a trabajar, ya estaba la cocina dada vuelta, el microondas en la mesada, la heladera abierta, descongelándose; Lorgia (la empleada) limpiando a fondo el horno… Yo, sentada, desayunando. Mi marido pasa a saludar.

-Estas embarazada Lorgia?

-No, no… -respondió asustada- Por qué?

-Por nada, nada…

Despues se acercó a mi y me dijo al oído:

-¡Así cualquiera tiene el síntoma del Nido! Te agarra a vos y lo padece Lorgia.


El ultimo orejón del tarro

marzo 11, 2011

-Aia, mi amor!

-¿Qué te duele, cosis?

-Nada, que hoy tenemos obstetra.

-¿Hoy? ¿Como no me dijiste nada?

-Acabo de acordarme. ¿Podés?

 

***

 

-Y vos,  volviste a hacer  yoga para embarazada, no? -Me preguntaba una amiga.

-Eh? Yoga? No… Ni siquiera se me ocurrió.

 

***

 

-¿Qué haces ahí sentada, cosis?

-Ah… Nada. Trato de sentir las burbujitas de Dante

-¿Dante ya hace burbujitas? ¿Y cuándo pensabas contarme?

 

***

 

-¿Y qué le compraste al bebé?

-…

 

***

 

-Mirá cuando Dante te reproche que al hermano le escribiste un blog y a él nada – me decía un amigo.

-Pero si a Dante tambien le escribo un blog!

-Ah! No avisaste nada!

-No?

-Igual no tiene la onda de otro –intervino Gustavo.

-¿Cómo que no? ¿Qué querés decir? ¿Que no esta bueno? ¿Qué ya no te gusta como escribo? eh? eh?!!

-Nada que ver,  simplemente que antes escribías mas seguido.

-Porque tenía mas material. Vos me dabas mas material… – le devolví la gentileza-

-Es cierto – se hizo cargo Gustavo- Nos la pasabamos hablando de Abel.

-¿Y ahora? -preguntó mi amigo.

-También nos la pasamos hablando de Abel.

 

***

 

Y no señores, el segundo embarazo no es como el primero,  ni para lo malo: los miedos, la ansiedad, los malestares; ni para  lo bueno: la sensación de superioridad que sentía por hacer lo que la humanidad hace desde el inicio de los tiempos: procrear.

Concebí y espero a Dante con el mismo amor que Abel, pero con mucho menos ansiedad.  Supongo que eso le traerá algunos   perjuicios: menos fotos, menos recuerdos, algunos olvidos, ropa y jueguetes segunda mano. Y a cambio, tendrá un hermano mayor para jugar  y una madre que va a saber dormirlo sin ponerlo nervioso, entre tantas otras cosas.