No hay dos sin tres

febrero 24, 2011

La ecógrafista nos señalaba las partes de mi bebé.

-Esta es la pancita, ves? Lo sabemos porque esto negro que ves acá es el estómago… Y acá están las piernitas. Lo blanco es el femur.

-Y en el medio de la pancita y las piernas, no se ve nada?- pregunté ansiosa.

-Sí, me pareció ver que es un varoncito, pero enseguida se tapó y no puedo confirmártelo.

Se ve que nos vio las caras…

-¿No es lo que querían?

-Ehhh. No, sí .  Nos daba lo mismo – Intentamos ser políticamente correctos -En realidad, ya tenemos un nene.- me sinceré instantes después.

Se ve que “las caras” no se nos iba porque  a pesar de que teníamos el último turno y la médica ya se quería ir (cuando estaba entrando, cinco minutos antes de la hora pautada,   me llamaron el celular para que confirmara  presencia)   se ocupó especialmente de seguir husmeando hasta dar el veredicto. Me sacudio la panza, me dio vuelta, me hizo poner de un costado, de otro y finalmente…

-Varón.

-¿Es seguro?

-99%

***

Un rato después, camino a casa:

-Cosis, pensá que van a tener casi la misma edad, las mismas salidas, los mismo amigos…

-Mientras no les guste la misma la misma chica y se pudra todo.

-No vamos a tener que comprar nada. Reciclamos todo: juguetes y ropa.

-…

-Y el vestidor puede serguir siendo vestidor porque van a dormir en la misma pieza.

-…

-No hay que pensar en la fiesta de quince.

-…

-Igual que Abel, te va a querer mas a vos que a mí.  Los varones son siempre mameros.

-Esta bien, Gus, no hace falta que me consueles. Yo estoy contenta igual.

-…

-Solamente, que no sé  quién me va a cuidar de vieja.

-Alguna nuera con onda.

-Ni con quien voy a mirar telenovelas.

-Con Lorgia, si a ella le encantan –  Gustavo, práctico como todos los hombres, tiene la mala costumbre de responder mis preguntas retóricas.

-…

– Lo que pasa es que me resulta raro. Desde chica que me imagino siendo madre de mujeres, es raro que Dios no  me lo  cumpla.

-¿Por que lo das por descartado?

-La ecografista dijo 99% de seguridad

-A lo mejor Dios quiere que tengas tres hijos.

-¿Es una propuesta?

-Es una idea para que vayamos pensando.

***

En la cena, Gustavo me contaba el caso de una  familia, que tenia dos varones. Cuando esperaban el tercero, todos apostaban por la nena, pero salio un tercer varón.  Según la vision simplista de mi marido, se sintio un hijo tan indeseado que en la adolescencia se hizo drogadicto.

-Basta, Gus, ya te dije que estoy contenta!!!

 

Y de verdad… Ustedes son testigos que queria una niña, y desde que quede embarazada siempre me referi a cositita como ella, pero una vez que te dicen que es varón, no te lo podes imaginar diferente.

BIENVENIDO DANTE  A NUESTRA VIDA

 


El puerperio que viene

febrero 16, 2011

Recuerdo el puerperio como una de las épocas más extrañas de mi vida. Siempre digo que si alguna vez me vuelvo loca  hay que buscar los antecedentes en ese período.  Un día fui a la guardia, con Abel en brazos, asegurando que  había vomitado como la protagonista del exorcista ( no en color, sino en cantidad).  El médico  le hizo tantos estudios al pobre de mi hijito, que desde entonces, salvo una vez que se cayó de la calesita, no volví a una guardia. Espero paciente el momento de ir a la pediatra.

Otra vez, luego de ponerle una pomada para el lagrimal, le vi el ojo hinchado, como si tuviera un huevo. Pestañee y el ojo ya estaba normal. De todos modos, llamé a la oftalmóloga infantil y le conté lo que había visto.

-¿Pero como, se hincho y deshinchó en un segundo? –preguntaba asombrada.

Otra vez me desperté de madrugada, y empecé a zamarrear  a mi pecho al grito de:

-¡Despertate Abel, despertate. No te mueras!”

No entiendo como nadie me internó.

Tampoco entiendo cómo mi marido no me dejó.  Creo que él andaba  tan dormido como yo.

Hay muchas teorias sobre el extraño comportamiento de las puérperas;  algunos creen que se debe a desordenes hormonales,  otros a factores psicológicos  ante la tremenda responsabilidad que se nos vino encima. Yo creo que es, simplemente,  falta de sueño.  Para mí, los tres primeros meses fueron un laaargo día de 2160 horas, con pequeños, pequeñísimos, casi insignificantes intervalos.

Cuando uno no duerme, piensa mal.

También experimenté sentimientos de maldad. Me daba mucha, pero mucha bronca que mi marido pudiera seguir sus rutinas y yo no.  Sus rutinas eran ir a trabajar, pero a mi me resultaba totalmente injusto que él pudiera atravesar la puerta de casa cuando quisiera. Y Gustavo es de lo que todavía nos acompañan a los controles pediátricos.  O sea, un padre presente. También me generaba ganas de gritar y romper algo cuando me daban consejos inaplicables.

-Dormi cuando duerme el nene- por ejemplo.

¡¡¡¿Y si duermo  cuando duerme el nene, cuándo me baño? eh??!! ¿Cuando como? Cuándo me depilo los bigotes?! eh? eh?!!!” – Eso sin contar que, además, trabajaba. Pero ese es otro tema, que responde únicamente a una (ir)responsabilidad mía, por eso queda fuera de este análisis.

Otro de los odiados consejos era el clásico:

-Tendrías que hacer algo por vos, si no estás bien con vos misma, no podés estar bien con el bebé. ¿Por que no te anotás en un gimnasio?

–  ¡¡¿Gimnasio?!!! Gimnasio??!! Cuando voy a ir al gimnasio?!!!

-Entre teta y teta- respondía alguien evidentemente mas desequilibrado que yo…

-¡¡¿Y yo que sé cuando va a querer la próxima teta??!! No oíste hablar de la libre demanda!?!!!

Y como la libre demanda me impedía desprenderme del vástago, me  fui, con mi Abelito a cuestas a inscribirme a un gimnasio de planta baja que tuviera espacio para dejar el cochecito al lado de una cinta de correr. Afortunadamente, la recepcionista que me atendió sí dormía 8 horas por día y tenía todas sus neuronas activas y me explicó que un gimnasio, con la musica a todo lo que da, pesitas por doquier,  era un lugar hostil y hasta peligroso para un bebito recien nacido.

Esa no fue la única vez en ese período que puse en riesgo la integridad física de mi hijo. Antes del alumbramiento había dado el examen teórico de manejo, y como estaba por vencerme el plazo para dar el práctico, y no quería que mi logro hubiera sido en vano, me decidí a terminar el trámite para sacar el registro de conducir. Fuimos con Gustavo a la pista preparada para practicar, con Abel perfectamente colocado en su huevito, insertado en el asiento trasero del auto. El hombre de la entrada nos miró como si fuésemos locos.

-La gente que viene aca no tiene registro todavía, están aprendiendo.

-Sí, sí. Igual que yo.

-Lo que quiero decir que es peligroso y ustedes están con un bebé.

-Pero si van todos re despacito -me atrevi a insistir.

Lo siento, no esta permirido entrar con menores. – cortó por lo sano sin ganas de explicar lo obvio.

Para hacerle honor a la verdad, ademas de los consejos inútiles, me molestaban también los consejos útiles. En realidad, me costaba diferenciar entre unos y otros. Me molestaba que alguien supiera mejor que yo cómo cuidar a mi hijo. Me molestaba que alguien llamara a una casa donde habia un niño pequeño, y me molesté mas con las personas que nunca llamaron para ver cómo estaba.

El puerperio es difícil.  Pero todo esto que cuento, no es que lo recuerdo realmente. O sea, no recuerdo la vivencia.  Sí recuerdo haberlo contado a un par de amigas que se embarazaron después que yo, o escrito en los apuntes para una obra de teatro  que nunca termina de tener forma.   Yo tuve la suerte de haberlo exteriorizado, si no, no habría vestigio alguno de que esto hubiera pasado alguna vez. Como dicen en un libro muy gracioso (Guía inútil para madres primerizas), las mujeres olvidamos esos momentos, para conservación de la especie. Yo creo que lo hacemos porque nos genera mucha culpa.

Siento que estaba demasiada nerviosa para amamantar a mi bebé como debía, mimarlo como quería y tenerle la paciencia que se merecía.

Y sin embargo, acá estoy… reincidiendo. Desde que Abel tiene tres meses que quiero reincidir.  Quiero otra oportunidad.   Quiero disfrutar de ese momento, que se te escurre tan pronto de las manos.   Quiero amamantarlo  los dos años que aconsejan los organismos de salud.  Quiero dormir,  cuando el bebé duerme, aunque eso me convierta en una mujer barbuda.  Quiero hacerles los masajes de Shantala.

Ayer fue a visitar a mi sobrino Ulises, de tres meses. Su mamá, mi cuñada,  lo cargó las dos horas que estuvimos juntas, sin preocuparle en absoluto si el bebé se mal acostumbrara a los brazos. Sentí cierta envidia por su sabiduría… Sentí nostalgia por lo que fue y ansiedad por lo que viene. A la noche, le contaba a Gustavo

-Cuando nazca  nuestro nuevo cositita, yo también voy a tenerlo todo el día en brazos.

-¿Y con Abel que pensás hacer?

-Ehhh… Abel va air a colegio -improvisé una respuesta.

Tres horas,  ¿o pensabas ponerlo pupilo y no me dijiste nada?

Ops. De verdad, no lo había pensado. Y algo me dice que, aunque no trabaje, aunque tenga a quien delegarle las cosas de la casa, aunque tenga experiencia y eso me haga  un poquito más sabia,  tampoco va a ser muy fácil.


La agridulce espera

febrero 5, 2011

Si algo caracterizó  mi primer embarazo, además de los miedos, fue la acidez que me acompañó durante casi los 9 meses. Alertada no solo por eso,  sino por los kilos con los que empecé la preñez,  prometí apenas me enteré de la buena nueva, que iba a empezar a comer liviano.  Y es tan cierto que en la segunda vuelta uno está mas relajado y menos paranoico, como que hay cosas que no cambian… que nunca van a cambiar.

Hoy fuimos al obstetra a confirmar dos cosas que ya sabía,  que todo andaba bien y que estaba gordísima. Para festejar lo primero y hacerle honor a lo segundo,  y aprovechando que Abel estaba al cuidado de su tía, fuimos a comer comida gallega a un lugar que nos encanta.

Recordé que la última vez que había estado allí, fue embarazada de Abel (después uno sale tan poco…), e inmediatamente me vino a la memoria lo mal que me había sentido después. Prometí, entonces, moderarme. Cuando había terminado  el segundo plato de mariscos, Gustavo me vio tan entusiasmada mojando el pan en la salsita, que me preguntó si quería que pidiéramos otra fuente.  La propuesta me tentó, pero atenta a la experiencia le dije que ya que iba a explotar, prefería estallar con algo dulce.  Después de devorarme mi  mouse de chocolate y “picotear” de su Don Pedro, con el unico fin de  extender la salida y la amena charla que estábamos teniendo (repito: uno sale tan poco…), pedimos café, que por supuesto vino acompañado de la golsoina correspondiente.

Pasamos a buscar a Abel, que estaba mas mimoso que nunca y quería dormirse en brazos, como cuando era bebé. Lo complací  hasta que la  cintura dijo basta. Despues lo apoye en la cuna, calmé su llanto a puro beso y  cayó -al fin- en las redes de Morfeo.

Gustavo me esperaba despierto para que – según dijo- durmiéramos abrazados, pero apenas apoyé la cabeza en su hombro, supe que no aguantaría la posición horizontal ni medio minuto. La acidez, si es que así se llama a un fuego que nace en el medio del estómago y te perfora hasta la garganta, volvía a estar presente en mi vida.  (La duda etimológica es porque nunca había sentido algo así hasta que me embaracé  por primera vez  y nunca mas volví a sentirlo hasta hoy. )

Conclusión, a las cuatro y treintade la mañana, después de visitar los perfiles del facebook de mis trescientos y pico de amigos (a esta hora la cabeza no da para otra cosa) y de tres fracasados intentos de ponerme horizontal, estoy todavía aquí,  contando a quien quiera saberlo que la  espera a veces tiene mas de ácida que de dulce.


Amen

enero 28, 2011

-Dios por favor te pedimos que Cositita esté bien, que  nazca bien…

-Que nazca – interrumpo.

-Eso es obvio.

-Bueno, yo lo aclaro…Y que sea nena .

-No, eso no, Dios.

-¿Por qué no? ¿No querés que sea nena?

-Sí, pero no me parece pedir eso. Estamos pidiendo que sea sano.

-Podemos pedir las dos cosas.

-Yo prefiero no abusar.

-Dios no pone límites.  Es como tener la lámpara de Aladino y pedirle un  deseo en vez de tres.

-Dios, no la escuches.  Como te decía, te pedimos que Cositita nazca sano…

-Sí, por favor, que no tenga que ir a Neo, que de la sala de parto, me lo traigan a  la habitación. Y que pueda darle la teta.

-¡Jessica!

-¿Qué tiene?

-Si tiene que ir a Neo por su bien, que vaya…

-Mejor que no vaya!

-Pero si tiene que ir, Dios sabe por qué hace las cosas. Y lo de la teta es una estupidez. Dios está para cosas importantes.

-Para mí es importante darle la teta.

-Bueno, después rezá sola y pedile lo que quieras; ahora tenemos que estar de acuerdo los dos.

-No vale. Si rezamos juntos hay mas posibilidades de que se cumpla!

-¿Podemos no discutir adelante de Dios?

-Okey, pedí vos entonces.

-Dios, por favor, te pedimos que  el embarazo siga bien , que Cositito nazca bien, que nazca- me complace- que tenga una vida plena, y que sea sano y  feliz como Abel.  Y por Abel, claro, que siga siempre bien. Padre nuestros que estas en el cielo…

– Esperá. Por Marco y Ulises (mis sobrinos) puedo pedir?

-Dale.

-Dios te pedimos por Ulises para que siga mejorando y se ponga sano y fuerte, para que Marco tenga un buen año escolar, mejore sus problemas de conducta, tenga amigos  y sea un chico feliz; por Tamara (la sobrina de Gus) para que también tenga un buen año y sea feliz. Por mi hermana para que consiga novio. Por tu hermana para que… etc. etc… y por último, por nuestros padres que estén sanos y bien.  Bueno, y también te pedimos para que consiga un buen trabajo, que gane XX por mes, que salgan mis proyectos como autora, que Gus consiga buenos casos,  que pronto podamos comprar la casa que queremos, que… que…Ah, que mañana no falte Lorgia que tengo que salir…  Ahora sí. Padre Nuestro que estás en el cielo…

-Santificado sea tu nombre  – se acopla- venga a nosotros tu reino…

Despues, nos peleamos un poco mas porque yo rezo la versión nueva del Padre Nuestro (la que tiene ofensas en vez de deudas…) y él sigue con la vieja.

-Y no nos dejes caer en la tentación. Amén – terminamos

-Dios te salve María -pretendo seguir,

-Esperá. Con todo lo que pediste, prentendés arreglar a Dios con un solo Padre Nuestro? Al menos, recemos tres.

Y así es casi todos los días… Amén.


Padre aventurero, madre sedentaria

enero 25, 2011

Caminábamos los tres, por un sendero de El Palmar, el Parque Nacional de Entre Ríos… Gus cargaba a Abel a upa. Yo, como siempre, a nuestro bebito intrauterino.

-Qué hermoso es hacer algo que te gusta mucho acompañado por tu hijo . -suspiró Gus que no podía mas de la felicidad.

-Me imagino, por eso deseo tanto una hija mujer.

-Abelito, cuando seas grande vamos a ir juntos a todos los parques nacionales que me faltan conocer-le prometió a su hijo.

-Y mamá ??!!- grité rezagada, varios pasos atrás.

-Mamá se va a quedar en casa mirando telenovelas con su hija mujer. O no es eso lo que mas te gusta hacer?!!


TN

enero 20, 2011

Festejábamos  los 0.8 mm de Translucencia Nucal y el hueso nasal de nuestro bebito…

El fantasma de la TN aumentada de Abel y el consecuente estudio genético estaba rondando. Si bien habíamos decidido que esta vez no nos íbamos a dejar invadir por los miedos y saliera como saliera la eco no  haríamos  el odioso estudio. Total,  la continuidad del embarazo no estaba en duda, y  la teoría de que “si algo sale mal, es mejor estar preparado”  ya no nos convencía. Si nuestro bebé era down nos enteraríamos al momento del parto,  y allí empezaríamos a prepararnos. ¿Qué diferencia puede haber para criarlo el primer año de vida?

Así y todo, los dos estábamos nerviosos. No nos lo dijimos hasta estar sentados en la sala de espera. Yo le confesé a Gus que estuve descompuesta toda la noche y no había pegado un ojo,  él me dijo que  tenía un poco de miedo…

A la salida, pegamos -literalmente- saltitos de alegría.

-Eso sí – dijo el padre en un brote jocasamente racista-  no esperes que éste tenga ojos celeste-

-Por?

-Esas  cosas se pagan, y este hijo nos está dando demasiadas satisfacciones.


Diálogo interior.

enero 16, 2011

Leía posts del embarazo de Abel y pensaba, cómo puede ser que entre una madre insegura y  paranoica de que todo lo malo iba a sucederle a ella y otra madura y relajada haya solo un hijo de diferencia?