El ultimo orejón del tarro

marzo 11, 2011

-Aia, mi amor!

-¿Qué te duele, cosis?

-Nada, que hoy tenemos obstetra.

-¿Hoy? ¿Como no me dijiste nada?

-Acabo de acordarme. ¿Podés?

 

***

 

-Y vos,  volviste a hacer  yoga para embarazada, no? -Me preguntaba una amiga.

-Eh? Yoga? No… Ni siquiera se me ocurrió.

 

***

 

-¿Qué haces ahí sentada, cosis?

-Ah… Nada. Trato de sentir las burbujitas de Dante

-¿Dante ya hace burbujitas? ¿Y cuándo pensabas contarme?

 

***

 

-¿Y qué le compraste al bebé?

-…

 

***

 

-Mirá cuando Dante te reproche que al hermano le escribiste un blog y a él nada – me decía un amigo.

-Pero si a Dante tambien le escribo un blog!

-Ah! No avisaste nada!

-No?

-Igual no tiene la onda de otro –intervino Gustavo.

-¿Cómo que no? ¿Qué querés decir? ¿Que no esta bueno? ¿Qué ya no te gusta como escribo? eh? eh?!!

-Nada que ver,  simplemente que antes escribías mas seguido.

-Porque tenía mas material. Vos me dabas mas material… – le devolví la gentileza-

-Es cierto – se hizo cargo Gustavo- Nos la pasabamos hablando de Abel.

-¿Y ahora? -preguntó mi amigo.

-También nos la pasamos hablando de Abel.

 

***

 

Y no señores, el segundo embarazo no es como el primero,  ni para lo malo: los miedos, la ansiedad, los malestares; ni para  lo bueno: la sensación de superioridad que sentía por hacer lo que la humanidad hace desde el inicio de los tiempos: procrear.

Concebí y espero a Dante con el mismo amor que Abel, pero con mucho menos ansiedad.  Supongo que eso le traerá algunos   perjuicios: menos fotos, menos recuerdos, algunos olvidos, ropa y jueguetes segunda mano. Y a cambio, tendrá un hermano mayor para jugar  y una madre que va a saber dormirlo sin ponerlo nervioso, entre tantas otras cosas.


Inevitable…

septiembre 25, 2008

Gustavo escribe una demanda para la facultad, en la notebook que antes era mía y ahora es de los dos, porque “lo que esta en casa es de todos”, enseñanza que traigo de la casa de mis padres, y que elegí seguir (no como la de que las mujeres lavan los platos y los hombres cambian lamparitas); yo tipeo en la PC que era de él, pero que hoy tiene sesión para ambos. Cada tanto una caída de ojos, una frase en la ventanita del chat, o una caricia al pasar, nos recuerda que estamos ahí: presentes.

 

Esta plenitud  que hoy se me presenta tan cotidiana, alguna vez fue un sueño que creía que nunca iba a alcanzar… No nací feliz y mucho menos enamorada. He sido una niña que sufría por sentirse diferente, una adolescente acomplejada y una treintañera solterona.  Me ha tocado ser el número impar de muchas cenas de parejas, ir sola al cine, y asistir a varias (y horribles e interminables) citas a ciegas. Me he justificado con frases… “los hombres me temen” “prefiero la soledad así no tengo que darle explicaciones a nadie” “pasa que mis energías están todas puestas en la profesión, y no le doy lugar a la pareja”. Pasé mucho tiempo descreída del amor.  No  del que a mí no me llegaba… sino de AMOR en general. Estaba convencida de que nadie amaba a nadie, que la gente simplemente se conformaba para tener una compañía…  Y volvía a justificarme diciéndome que para eso “prefería la nada”.

 

Había desarrollado un humor ácido para referirme a las parejas felices…

 

Primero fue  reconocer que estaba equivocada.

 

Segundo,  admitir que yo también quería un amor…

 

Y después,  él. Tan simple, tan cotidiano. Tan hermoso. Y fluyó. Y creció.  Y se multiplicó.

 

Hoy hago, digo y pregono esas mismas cosas de las que antes me hubiera burlado una hora seguida… Como ayer por ejemplo, cuando Gustavo configuraba la red inalámbrica y me pregunto:

 

-¿Qué nombre el pongo a la red?

 

Los dos respondimos al unísono:

 

Jessica: Abel   //   Gustavo: Cositito

 

Finalmente, le quedó “Jessica” a la PC que era de él. “Gustavo” a la notebook que era mía. Y “Abel Cositito” a la red que las conecta.  

 

¿Patético? ¿Tierno? 

 

Hoy,  para mí, simplemente inevitable.

 

(Ustedes pueden ser sinceros… Y burlarse una hora seguida.)

  

 


Marco Dixit IV

septiembre 23, 2008

Le contaba a su otra prima, que yo tenía un bebé en la panza.

-Ahora se llama Cositito, despues se va a llamar Abel.